Esta
noche siempre es especial, San Juan. Todo el mundo vive algo mágico en esta
fecha concreta, algo que le anima a seguir adelante. Hoy os contaré mis
maravillas.
No es
un cuento de amor. Ni un emocionante viaje por las calles de una vieja ciudad.
Ni una aventura de amigos y una hoguera. Esta es la historia de dos hombres
perdidos.
Un
borracho, en el vagón del tren. Va haciendo ruidos, increpando al que osa
mirarle. Todo el mundo con los ojos al suelo, rezando para que no les tocase esa
lotería. Y entonces entro él, con su pelo alborotado de tolai, su prominente
tripa y la funda de un contrabajo. El héroe de este drama…
Borracho (Entusiasmado): ¡Ey! ¿Eres músico?
Tolai (Cabizbajo): Sí…
Borracho: ¡Sácalo! Toca algo de música.
Tolai (Más cabizbajo): No…
Borracho: ¿No? Qué aburrido… ¡QUÉ TOQUES COÑO!
Tolai (Sacando el contrabajo y poniéndose a tocar).
Borracho (Bailando en su asiento, ojos cerrados, sonrisa de
oreja a oreja).
Quince
minutos después, cuando dejé el tren, allí seguían; el borracho imaginándose en
un baile del siglo XVIII, el tolai a punto de llorar y Mozart esperando su
mañana de resaca.
Tal vez
alguien debió ayudarle, sacarle de aquel momento. Pero cómo se puede plantear
si quiera el romper tan bella imagen de sumisión. Diganme señores si no es por
esto que merece la pena vivir. Fue hermoso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario