viernes, 2 de junio de 2017

Cómo la miro.


La miro porque es bonita, bella o atractiva.
La miro por instinto, por naturaleza.
La miro como miro la lluvia en verano; y al arcoíris que aparece después.
La miro como miro la ciudad brillando al mediodía; y cuando resplandece por la noche.
La miro como miro los tejados en un día de nevada; y como a la flor que aun así se ha abierto camino.
La miro como miro las olas en el mar; y como a la calma de los lagos.
La miro como miro los árboles majestuosos; y como al perfume de la magnolia.
La miro como miro los saltos de los ríos; y como al verde de los valles.
La miro como miro las montañas desde abajo; y como miro hacia abajo desde las montañas.
La miro como miro a los gorriones que roban miguitas; y como al halcón de las praderas.
La miro como miro a los perros jugando en el parque; y como a los abrazos de niños y padres.
La miro como miro a la mariquita en mi ventana; y como a las nubes que hay detrás de ella.
La miro como miro a la luna majestuosa; y como a las estrellas desde la playa.
La miro como miro todo lo hermoso que hay en el mundo; porque ella también lo es.
No la miro como miro una copa ni como una medalla; ni como un objeto desechable.
No la miro como los egipcios miraban a los hebreos, ni como la vieja aristocracia a los negros.
No la miro como mira un violador; ni para acosarla.
No la miro por machismo; ni por patriarcado.
La miro porque es bonita, bella o atractiva; y nos hemos cruzado.
Y ese es el problema; la raíz de todo.
No miro a las feas.



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