sábado, 24 de junio de 2017

Noche de San Juan

                Esta noche siempre es especial, San Juan. Todo el mundo vive algo mágico en esta fecha concreta, algo que le anima a seguir adelante. Hoy os contaré mis maravillas.
                No es un cuento de amor. Ni un emocionante viaje por las calles de una vieja ciudad. Ni una aventura de amigos y una hoguera. Esta es la historia de dos hombres perdidos.

                Un borracho, en el vagón del tren. Va haciendo ruidos, increpando al que osa mirarle. Todo el mundo con los ojos al suelo, rezando para que no les tocase esa lotería. Y entonces entro él, con su pelo alborotado de tolai, su prominente tripa y la funda de un contrabajo. El héroe de este drama…
Borracho (Entusiasmado): ¡Ey! ¿Eres músico?
Tolai (Cabizbajo): Sí…
Borracho: ¡Sácalo! Toca algo de música.
Tolai (Más cabizbajo): No…
Borracho: ¿No? Qué aburrido… ¡QUÉ TOQUES COÑO!
Tolai (Sacando el contrabajo y poniéndose a tocar).
Borracho (Bailando en su asiento, ojos cerrados, sonrisa de oreja a oreja).
                Quince minutos después, cuando dejé el tren, allí seguían; el borracho imaginándose en un baile del siglo XVIII, el tolai a punto de llorar y Mozart esperando su mañana de resaca.

                Tal vez alguien debió ayudarle, sacarle de aquel momento. Pero cómo se puede plantear si quiera el romper tan bella imagen de sumisión. Diganme señores si no es por esto que merece la pena vivir. Fue hermoso. 



viernes, 2 de junio de 2017

Cómo la miro.


La miro porque es bonita, bella o atractiva.
La miro por instinto, por naturaleza.
La miro como miro la lluvia en verano; y al arcoíris que aparece después.
La miro como miro la ciudad brillando al mediodía; y cuando resplandece por la noche.
La miro como miro los tejados en un día de nevada; y como a la flor que aun así se ha abierto camino.
La miro como miro las olas en el mar; y como a la calma de los lagos.
La miro como miro los árboles majestuosos; y como al perfume de la magnolia.
La miro como miro los saltos de los ríos; y como al verde de los valles.
La miro como miro las montañas desde abajo; y como miro hacia abajo desde las montañas.
La miro como miro a los gorriones que roban miguitas; y como al halcón de las praderas.
La miro como miro a los perros jugando en el parque; y como a los abrazos de niños y padres.
La miro como miro a la mariquita en mi ventana; y como a las nubes que hay detrás de ella.
La miro como miro a la luna majestuosa; y como a las estrellas desde la playa.
La miro como miro todo lo hermoso que hay en el mundo; porque ella también lo es.
No la miro como miro una copa ni como una medalla; ni como un objeto desechable.
No la miro como los egipcios miraban a los hebreos, ni como la vieja aristocracia a los negros.
No la miro como mira un violador; ni para acosarla.
No la miro por machismo; ni por patriarcado.
La miro porque es bonita, bella o atractiva; y nos hemos cruzado.
Y ese es el problema; la raíz de todo.
No miro a las feas.



domingo, 19 de marzo de 2017

Día uno.

Hay un momento en la infancia en el que despiertas, te das cuenta de que eres alguien en la sociedad. Y en ese instante tu niñez termina y comienza tu vida. Tu vida, tuya, de ti, tú tal cual tú, empieza. También aparecen ahora los problemas, y las soluciones que les des serán lo que determine aquello en lo que te conviertas. La realidad del mundo te incita a conocerlo y tú, sin saber, aceptas sus promesas de alegrías y penas.  Aprendes, de fracasos y triunfos, construyes y arruinas, y cuando tenías el molde de tu camino la vida te empuja. Caes. Caes pero aguantas la caída. Te pierdes, no sabes dónde estás y no puedes encontrarte. Vives, andas, esto no parece ya un paraíso, sigues andando. Después de tantos años así comienzas la vida fuera del nido.

Buena suerte mis viciadores de letras.